La Virgen del Rosario de la Parroquia de la Luz: ¿paradero desconocido?

La Parroquia de Nuestra Señora de la Luz conservó, al menos, hasta finales del XIX, una imagen de Nuestra Señora del Rosario. Tuvo que ser una talla con bastante devoción si tenemos en cuenta su ubicación en el templo: presidía la capilla que llevaba su nombre, la actual capilla del Corazón de Jesús, en el lado del Evangelio, que también servía de comulgatorio y donde, como sigue siendo en la actualidad, se conservaba el Santísimo Sacramento en el sagrario.

A tenor de los inventarios parroquiales del siglo XIX podemos comprobar cómo varía la distribución de la capilla de la Virgen, que tampoco tenía nada que ver con su aspecto actual. Así, el inventario de 1847 nos habla de “un altar que tiene al medio un nicho en donde está colocada Nuestra Señora del Rosario con su Niño a la derecha, San Francisco a la izquierda, Santa Rosa con sus velos indecentes [a la derecha, como reflejan los inventarios posteriores] y, encima, un Santo Domingo [el culto a la Virgen del Rosario comenzó con la aparición de María a Santo Domingo de Guzmán]”. El Santísimo se reservaba en “un sagrario de madera pintado y dorado”.

Ya en el inventario de 1853 las imágenes de San Francisco y de Santa Rosa se intercambian de lugar, pero la Virgen del Rosario seguirá presidiendo la capilla. Se mantiene la distribución en 1862 y 1901. En este último documento se refleja que la imagen de Santa Rosa está deteriorada, pero aparece en inventarios posteriores (al menos hasta 1975) y podría ser una pequeña talla que fue restaurada hace pocos años, de tamaño similar a la de San Francisco, desprovista de sus “velos indecentes”. La escultura del fundador de la Orden Franciscana es también, con toda probabilidad, la que ha llegado hasta nuestros días, depositada generalmente en el museo sacro y, en los últimos meses, en la capilla de la Misericordia.

Buso de una imagen mariana que pudo haber correspondido a Nuestra Señora del Rosario o a la del Carmen

Fue durante la etapa de Miguel Pérez Remón como párroco cuando la iglesia sufrió una gran transformación. La más destacada, sin duda, el nuevo y flamante pórtico, obra del vallisoletano Mariano Estanga, ejecutado entre 1925 y 1927. Pero también hubo importantes cambios en el interior del templo: “se retocaron los altares y se sustituyeron varias imágenes antiguas”, además de cubrir el artesano “por razones de limpieza y decencia”, según se recoge en el inventario hecho entre 1966 y 1968.

Nada más y nada menos 38 años tuvo don Miguel para cambiar el aspecto de la iglesia. Fue ahí cuando se modificó la estética de la antigua capilla del Rosario y adquirió prácticamente la composición que vemos hoy en día. La capilla del Rosario cambia de titular y se realiza el nuevo retablo de cemento, donde se veneran las imágenes del Corazón de Jesús, San Antonio Abad, la Milagrosa, Santo Tomás de Aquino, Santa Margarita, Santa Cecilia y dos ángeles en actitud de adoración. En las repisas laterales se ubica a San Miguel y San Blas. El inventario refleja que “todas estas imágenes, a excepción de la imagen de San Antonio Abad, son modernas”. Posteriormente, también se añadirá la del arcángel San Miguel como talla antigua.

La Virgen del Rosario queda depositada “en el cuarto debajo de la torre”. En el inventario de 1975 se le sigue nombrando junto a otras imágenes que “están en muy mal estado y se tenía la intención de restaurarlas y ponerlas en la antigua sacristía, convirtiéndola en pequeño museo”, aclarando que “algunas de ellas ya están allí colocadas aunque sin restaurar”.

Con estos datos, ¿sabemos cuál es la antigua Virgen del Rosario? El anterior párroco, Argelio Domínguez, rescató varios bustos de imágenes depositados en la casa parroquial (la gran mayoría son los referidos en el inventario de 1975). Tras su restauración estuvieron expuestos en el museo sacro, pero en la actualidad están guardadas en unos armarios de las dependencias de la iglesia. De esos bustos, nos atrevemos a estrechar el cerco a dos con claros rasgos marianos, pero sin atribuirle a cada uno advocaciones específicas. Uno de ellos conserva la estructura del candelero y, el hecho de llegar así a nuestros días, puede sugerir que tuvo un culto duradero: quizás se trate de la antigua Virgen del Carmen e, incluso, de la primitiva Virgen de la Luz (hasta ahora, sin datos que lo corroboren). Puede que la otra talla sea la de Nuestra Señora del Rosario. O puede que sea al revés. Por su parte, en el museo sacro se conserva una pequeña talla de un Niño Jesús que, por sus dimensiones, pudo haber pertenecido a la Virgen del Rosario o la del Carmen.

Llegados a este punto, a falta de encontrar nueva documentación, no nos queda más que recurrir a la mera especulación. Pero es necesario subrayar que las probabilidades de que la imagen de la Virgen del Rosario esté en la iglesia parroquial son muy altas. El inventario de 1975, donde aparece por última vez la talla, sirvió de base para los anexos realizados hasta 1993, y en estos no se señala ninguna eliminación de imágenes, mientras que sí quedan reflejados ventas de otros bienes parroquiales. Las futuras labores de investigación podrán ayudar a dilucidar el verdadero paradero de Nuestra Señora del Rosario.

Bibliografía: inventarios de la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz de 1847, 1853, 1862, 1901, 1966-1968 y 1975.

Daniel Pinelo

Periodista