De domingo a domingo: la adúltera

El próximo domingo es Semana Santa, no dudes en prepararte bien, en rezar, en leer más la Palabra de Dios

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (8,1-11):

«Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos,
dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?».
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?».
Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».»

Palabra del Señor


Descarga aquí la hoja parroquial del Domingo 5º de Cuaresma

La reflexión para el Evangelio nos la ofrece nuestro párroco, Argelio Domínguez:

«El dedo de Dios es un dedo indicador, nunca acusador. El dedo de Dios, cuando se extiende y señala, ilumina pero no apunta. Cuando veas un dedo acusador levantarse contra ti o contra otro hijo de Dios, has de saber que no se tratará nunca del dedo de Dios. El dedo acusador proviene siempre de Satanás y de sus seguidores. El dedo de Dios puede parecer a veces acusador, pero su intención es la de liberar la conciencia de las propias culpas, moviendo el corazón del pecador al arrepentimiento. En el capítulo 8 del Evangelio de San Juan se dice que estaba Jesús en el Templo de Jerusalén, muy de mañana. Y los escribas y fariseos le llevaron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. Buscaban poner en aprieto a Jesús. ¡Qué maravillosa escena! Frente a todos los acusadores que se habían congregado allí con el dedo acusador y que sobre aquella mujer recayera toda la Ley, sólo Jesús se mostró benigno y misericordioso. El dedo de Jesús no se alzó contra la pecadora, sino contra el suelo para hacer unos garabatos que iluminaron las conciencias de aquellos hombres. Fue una lección magistral de misericordia y caridad. Porque Él ha venido a salvar lo que estaba perdido.«

Daniel Pinelo

Periodista